
Catedral de Sevilla
(Segunda parte)
Toda su arquitectura, diseño, esculturas, pinturas, altares y detalles elevan la mirada a Dios.
Es ese Arte Sacro que el corazón desea contemplar


La corona de la Santísima Virgen es parte de su ajuar procesional.
Está hecha en oro con diamantes y piedras preciosas.
Su belleza de orfebrería es incomparable.

La pintura, las imágenes, el sentir del artista.
La fe de tantos peregrinos y visitantes.
Todo éso y más vi en la Catedral de Sevilla.







¡El Cristo de la columna permanece en un altar solitario tan real como revelador!
Para contemplarlo hay que elevar la mirada, aunque, sin querer, uno termina observando, como contraste y reflexión, la belleza de la luz y las estrías de los techos góticos.

¡Totus Tuus IESU!
Podrá decirse mucho más de este templo increíblemente hermoso, pero sólo contemplando su magnificencia desde los pies del Cristo llagado se aprecia el sentido de tanto esfuerzo por elevar, aunque sea un poco, nuestra mirada al cielo


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