Es un dia cualquiera en mi trabajo en el Museo Frederic Marés de Barcelona.
Estoy frente a ti Señor y pienso ¿cómo no reparar en tu cuerpo sufriente?…

El rostro de entrega y de dolor, la cabeza gacha y los brazos extendidos "en cruz" los pies heridos, tanto como el corazón, y al caer la tarde sigues allí...
De tanto amor te fuiste partiendo y en el devenir del tiempo te quebraste en pedazos, algunos tan minúsculos como una astilla.
De tan cansado apenas si te sostienes aún bajo las bombas y los fusiles tan lejanos de tu amor de paz.
Contemplo tus brazos ausentes, tus manos ignoradas y ésos tus bellos pies que ya no están.
Y me pregunto ¿a dónde habrán ido por alcanzar un alma esquiva?








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