Mientras caiga la tarde, con un sol de suaves tonos, la inminente noche retornará a mi encuentro.
Leo en la penumbra con aroma a té y una música distante que envuelve mi suspiro de consuelo.
Observo como mis disfraces de apretados jirones, como barcas despedazadas en los acantilados, se alejan más y más de mí.
Ésos que un día cubrieron mis temores y arrinconaron mi esencia.
Desde aquí transito por un camino nuevo.
¡Cuanta emoción!
Un horizonte especial se abre ante mi!
En este momento de alondra releo a San Juan de la Cruz en algunos de sus versos de más honda exquisitez.
“¡oh noche que guiaste!
Amado con amada,
¡oh noche amable más que la alborada!
¡oh noche que juntaste
amada en el Amado transformada!”
¡Los años han pasado!
Pensé, un día la muerte vendrá por mí.
Entonces, repetiré cual rebelde Juana en la Divina Comedia…
Caronte, yo seré un escándalo en tu barca. Mientras las otras sombras recen, giman o lloren,
yo iré como una alondra cantando por el río.
Y extenuada de sombra, de valor, de frío, cuando quieras dejarme a la orilla del río me bajarán tus brazos cual conquista de vándalos.
Sonreiré con la inocencia de los espíritus libres, sabiendo que morir sólo es un despertar a la puerta del hogar sin la nostalgia de los amores que quedaron atrás, pues, de tanto en tanto, me bastará mirar por mi ventana mientras los espero con el aroma del pan recién horneado…
«Relatos de la tarde»
Silvia Garavaglia 2019



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