Una sombra muda se aproximan con sus carnes blandas.
Todo aquello, que por onírico había sido descartado, ahora reclama un espacio propio.
Algunos sellos rotos, de turbador realismo, han dispersado el horror y las apariencias vanales se agotan bajo el maquillaje corrido
Latido a latido el corazón se aferra a su tibia debilidad.
Los siete pecados capitales (de gala raída) desfilan libremente por las calles, mientras cientos de confusos arlequines los observan pasar.
Detrás de la próxima ventana se encuentra uno…
que contempló su vida tomar el último tren.
¡Silencio!


Deja un comentario