Camí a la llar
Las horas pasan con cadencia de domingo.
Pronto, muy pronto, me voy.
Las maletas de pie, en absoluto silencio, atesoran mis pocas cosas, solo las necesarias y las más queridas.
Mi corazón, que no se decide a pensar demasiado en eso, ha dejado de mirar atrás.
¡Es por allí, me digo convencida!
(De algún modo lo sé)
¡Son esos propósitos de Dios que brotan en el silencio interior!
Ciertamente, hay naves que aún arden con paciente entrega y yo las contemplo con la serenidad del Camino que se abre frente a mí.


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