Dimecres de Cendres
Se extingue un fuego llano, ingente, perfecto. Un fuego de llamas ardientes, cuya brizna prometiste no apagar.
Un rescoldo rojo, muy rojo, ilumina el silencio profundo.
Quedarán las cenizas del deseo y los anhelos. Habrá una secreta oración del alma, entre el creador y su creatura, marcada por una Cruz de ceniza gris que le recuerda, con amor filial, su inquietante finitud.
«Polvo eres y en polvo te convertirás»
Entoncés, caerán los jirones de aquellos disfraces de creación propia. Será una escena de sutil caricia, consuelo de consuelos. Firme mansedumbre.
Y a mí, lo sé bien, estarás esperándome en la siguiente esquina. Más allá de mi repentino escape, tus brazos, de paciente espera, sostendrán mi secreto temor de Ti.


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