Quieta quietud de éste, mi camino urbano.

Veredas empedradas e inmensas maderas dispuestas en escalones vertebrados por el tiempo.
Y entre mis pasos un duro banco desolado, testigo mudo de andén, que me invita a la pausa.

Y al levantar la mirada, en vertical presencia, me seducen esos balcones que asoman por decenas.
…¿habrá, entre ellos, algún David apasionado por su Betsabé?


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