així et recordo
La oscuridad se mantenia cautiva en el bosquesito de árboles mudos, sin viento, ni brisa.
El cielo plateado y remoto, extendía el horizonte hasta las cumbres lejanas. Desde allí, una fría atmósfera violeta delineaba la montaña, un cerro tras otro, hasta perderse en la bruma gris.
La noche plena era inminente.¡Y yo, tan diminuta, me detuve a contemplar aquel inmenso paisaje cósmico!
Al borde del camino había conseguido reconciliarme con su línea sinuosa e imperfecta.
¡Quizá ése fue un momento de Providencia y despertar, sin temor, a la ruta incierta!


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