Camino de espinas.
Una larga hilera de rosas rojas (Camino sinuoso) desconcierta y palidece la mirada.
En un desierto de matices grises, cuál espejo empañado por el rocío de una noche gélida, las vi por primera vez…

Las rosas intuían a María, el desierto al Emmanuel y las espinas, tan amenazantes como afiladas, mantenían la distancia.
Aquello parecía un sueño sin sentido de continuidad, como una pesadilla. Los ojos ardían, el calor sofocaba la brisa de la tarde y el sorbo de agua ansiada se hacía esperar.
Aroma de rosas y espinas en un desierto que ya no podía olvidar.
Sin embargo, aquello también escondía una posibilidad…

«por eso voy a seducirla: voy a llevarla al desierto y le hablaré al corazón»
Oseas 2, 16


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