Luces rítmicas.

En el atardecer de aquel día avanzaba por un camino desolado con la vista puesta en una larguísima hilera de focos tibios y pendulares.
Las luces se mecian ritmicamente envueltas en una brisa empapada de aroma a eucalipto.
Al caer la tarde me detuve justo allí, sorprendida y anhelante de la primera estrella de la noche.
Envuelta en la penumbra divisé, a través del follaje, la primera estrella de la noche y con ella la promesa de un cielo realmente inquietante.
¡Bajo el manto de la Estrella del Mar en una ruta solitaria y a pesar de todo me sentí al amparo de Elyon!
Consciente del largo camino que tenia por delante, recordé aquella promesa del encuentro: ¡El Lucero del Alba guiará mis pasos! ¡Ésa era una certeza!
Entoncés, di el primer y sonreí…


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