
De la larga, larguísima vereda fui a dar hacia un parquecito de verdor inusitado. Aquel lugar tan cuidado, como libre de insectos, se veía atravesado por senderos de piedra, hojas secas y vainas.
Caminar de cara al frío, en esta mañana de invierno inusual, parecía una escena de película…
Sin darme cuenta me detuve junto a una colorida ventana entreabierta, desde donde un evocador aroma a tostadas recién hechas flotaba en el aire. Entoncés, volvieron a mi los días de campo, de caminos distantes e infancia a pleno sol…

¡Bendito aroma!
Tomé algunas fotos del paisaje mágico, nuevo, cercano…
¡Cuanto deseaba atesorarlo!
Paso a paso, con mi lento andar, seguí la línea ondulada de la vereda larga… Quería recorrerlo, como la vida misma, de cara a la brisa fresca, el crujir de las hojas secas de invierno y el aroma de la infancia en mi recuerdo…
Así iba…
¡Sin apuro, camino a Casa!
Así iba…


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