De la larga, larguísima, vereda fui a dar hacia un parquecito de verdor inusitado. Aquello me pareció un lugar especialmente cuidado y libre de insectos, más bien un paisaje recorrido por prolijos senderos empedrados entre hojas secas y vainas con semillas…
Caminar con la brisa fria de una mañana de invierno poco usual me parecía una escena irreal. Sin embargo, allí me encontraba, contemplativa y decidida a continuar mi Camino sin mirar atrás…


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