¡Te pido ver!
Dame la luz sutil y silenciosa de la tarde (fruto ocre de esa cadencia que asimila la noche)

Prefiero la penumbra del sol caído a la estridencia del cenit y esconderme en ese tibio intersticio…
Conozco bien el abrasador calor de mediodía detrás de una mañana indolente en pleno Enero.
Espero la primera estrella de la noche con las ansias de un profundo anhelo, esa brisa suave y fresca que me recuerda a la orilla del mar…
Entoncés, sin aviso la nostalgia se apodera de mi… me deja quieta, observante, muda y al borde de las lágrimas.
El paisaje se ha transformado en un infinito y extensisimo azul violeta. (Guardo el magenta en mi corazón y el calor de un recuerdo que parece absolutamente real)
El camino se dibuja en línea recta y angular hasta desaparecer en el horizonte. Quisiera recorrerlo a donde me lleven mis pasos. Conocer más de Él, permitir que me guíe y que me enseñe a soñar una vez más…
¿ Será posible?

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