Se siente la piel tibia, los párpados bajos frente al atardecer. Una serena quietud se apodera del instante como si predijera con ello el ocaso y su penumbra.
Aquí no existe el apuro, ni la premonición.
Es un instante posible. Un boceto previo de la noche más estrellada.
Detener la marcha ha sido un acierto. Prestar atención a los sonidos del atardecer me inspira. Un todo que lentamente se repliega sobre si mismo para caer, poco a poco, vulnerable y mortal en la mordaza de la noche.
Aún queda un vestigio de luz… Esperaré con anhelo a la primera estrella de la noche antes de regresar a mi sitio establecido (en algún sentido)…

Imágenes «Mapas, recorrido y señales»

Deja un comentario