Me pregunto si está ruta que se extiende ante mi, devanándose como un ovillo, es la misma rotonda que solía recorrer.
Es un paisaje de una indescriptible belleza inverosímil, quizás un poco aterradora. Aún así decidí dibujar su proceso, todo lo que veía y registrar, en mi cuaderno de viaje, la delicada capacidad del Camino para hacer del vacío una ruta transitable y de la aridez un vergel.
Hoy, la mañana promete disipar las nubes y dar espacio al calor del invierno.
Aquí, contemplo ese cadencioso desenredo de las rutas frente a mi.
¿Quién lo diría?
El camino cobra vida propia, las espinas quedaron atrás, me permiten espiar su crecimiento y madurar de la dirección correcta.
¡El aire es fresco y dulce de principio a fin!
Envuelta en un viejo abrigo me rodea el sol de una fría mañana de invierno y me siento viva.
(Nota del día inolvidable) Itinerario 2018. Cuaderno de Viaje.



Deja un comentario