Esa intimidad de gran belleza
Vi pasar el río, cubierto de flores azules, como reflejos de una noche estrellada en su plenitud.
También, vi las señales del Camino y el brillo de soles amanecidos sobre nítidos espejos.
Larga y quejumbrosa fue la noche que precedió a este día frío e indiferente.
Hoy, merecí un café caliente y un suspiro hondo de alivio ante la jornada de trabajo cumplida.
El Camino se ha convertido en un paseo real, de vértices y recodos impensados.
Transité rutas de espinas doradas y torres inclinadas, rutas blancas y bulevares de extensas arboledas, pueblos de vías de neón y caminos de espinas.
Cada cual, un capítulo del itinerario de mi vida.
Desde aquí, ¿el Camino continúa?
¡Creo que sí!
¡Esa intimidad de gran belleza entre el Camino y el caminante (senda y peregrino) preservada de cualquier sueño ajeno e impuesto!…


Deja un comentario