
Así reza el cartel frente a mi:
«Itinerario popular de fe en tierra inhóspita cegada por sus arenas salitrosas»
¿Y yo?
Aquí, llevo mis pasos nuevos sobre senderos traqueteados.
¡Qué paradoja!
En ciertas ocasiones el camino deja de ser lineal para convertirse en una especie de elipse con un ir y venir de extraños ciclos.
¿Este será el caso?
Observo mis mapas y el paisaje a la vista con la inquietante incógnita si permanecer en esta tierra inhóspita cegada por sus arenas salitrosas.
Las montañas que la caracterizan y los osados ríos que enfrentan el desierto me resultan familiares. Sin embargo, el entorno tan árido y desolado me parece irreal.
¡Algunos oasis emergen junto al cauce del agua como una bendición!
Este recodo del camino me dio mucho en que pensar, tuve la posibilidad de contemplar otra clase de soledad, más asumida, sentida, más real.
Ya me habían hablado de un itinerario popular, un camino de fe a través de estas tierras secas. De algún modo he vuelto a pisar su salitroso ripio para descubrir que mientras más me alejo, más me acerco.
Entonces, vi un destello de belleza escondida reflejándose en el salitre desolado y decidí quedarme un poco más…
(Nota de mis días en las tierras áridas y desoladas del itinerario popular de fe. Cuaderno de Viaje 2018)



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