
Aquí todos los trenes relucen, sobre sus brillantes rieles, listos para comenzar andar como caballeros en su reluciente armadura.
Contemplo esta postal del pueblo donde sus caminos angostos se abren paso en medio de extensas arenas.
¡La línea de rieles, perdiéndose en un punto distante, es larguísima!
Va demarcada por una arboleda boscosa perfectamente paralela a las vías.
¡Me ilusiona este amanecer!
De pie y a cierta distancia me sorprende la luz del día a través de las impecables ventanas del tren.
Miro de un lado al otro y descubro que aquí no hay gente aún.
El silencio abraza el paisaje. Yo sin embargo, puedo escuchar el inconfundible sonido del viento usurpando todo a su paso con honda belleza.
La formación del tren permanece quieta, cómplice, a la espera del momento oportuno para comenzar a andar.
¡Algo me dice que se prepara para partir!
Mientras lo espero, sentada en un frío banco de andén, reviso mis mapas gastados y en ellos la ruta a seguir.
Ciertamente, el paisaje ha cambiado y mis opciones también.
El frío aprieta, aunque ya no me parece tan gris como antes.
El andén continúa deshabitado.
El letargo se disipa con el ulular del viento y el ritmo de los pájaros.
De pronto, en la distancia, las vías comienzan a brillar como finísimos tubos de neón al sol.
¡Que inspiración!
Una luz delicada hacia el horizonte, un espectáculo transformador!
¡Es mi tiempo de decidir!
Quizás me anime a subir al tren de impecables ventanas hacia un horizonte nuevo. ¿Quién sabe?
Itinerario de mí Cuaderno de Viaje 2018/ Cuaderno de Viaje 2022


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