¡Una gota de rocío carmesí toca mi hombro y es difícil imaginar una lluvia sanguínea sin temblar!
Hoy, el camino, me parece espinoso y surcado de atajos que no llevan a ninguna parte…
¡ Lo sé!
Aún así, me detengo, conmovida, a contemplar aquella, heroica, senda deslizándose hacia el horizonte que se extingue.
Al norte y al sur los caminos enredan espinas esculpidas con el duro ripio del desierto, transformando el paisaje en, un algo, irreal.
Intuyo la esperanza y el desafío, cierto, de despertar en ese territorio donde la fantasía se disipa bajo la auténtica Luz del amanecer…
¡Luz que arde en los ojos de quienes ven y contemplan por primera vez!
Entonces, me descubro siendo en éste paisaje abrazador… ya no como una espectadora gris e inmóvil sino como parte de una paleta de vibrante rojo carmesí…
(Nota de un día carmesí en el ITINERARIO del Camino 2018)


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