Algunas nubes abovedadas permanecen tan bajas como para percibir su aroma, humedecer mi cara, cincelar las manos de piedra gris e incitar el fuerte latido de mi corazón, ¡decidido a compensar semejante desdicha!
En tales circunstancias habría sido improbable encontrarme, justo allí, con un itinerario perdido en el olvido… pero; ¡así fue!…
En un momento de completa incredulidad voltee a mirar un objeto inerte que yacía quieto y desvencijado, cubierto de un rocío que lo enmohecia todo…
Sin embargo, pude comprobar que ¡el interior permanecía intacto! ¡mapas y dibujos, tan delicada y meticulosamente trazados, mantenían su lozania!
(Con pudor) Celebre el reencuentro con sutiles señales que reconocía como propias e irradiaban una luz dulcificadora sobre el itinerario actual que, aún, sostengo, dibujo, reinvento…
(Así comenzaba la nota de Mi Cuaderno de Viaje del Itinerario perdido)


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