«El Boulevard era solo eso, ¡un boulevard! que se tenía por ancha avenida!…
Dicen que la gente de pueblo tiene ansias de gran ciudad o de ciudad, al menos»…
¡Eso dicen!
Me detengo donde se inicia la extensa hilera de eucaliptos. Desde aquí cuento quince, tan desmañados como animales salvajes de pelambre apelmasada…
Simuladas hojas al viento me sorprenden siendo solo unas cortezas secas desprendidas.
En las siestas cálidas de verano, los pájaros se refugian entre las ramas frescas, sin embargo en otoño, más bien quiebran el silencio con vuelos y cantos en un todo armonioso…
Fue, en ese instante, cuando comprendi de ausencias y el Boulevard sin gentes se transformó, para mi, en una senda de honda soledad …
Me pregunto… ¿A donde se habrán ido todos?…
¿¡A dónde!?
La quietud invade el aire en un tono cadencioso y bizarro, de paisaje de ensueño y bucólica pintura medieval.
El sol declina levemente…
A modo de despedida dibujo una tímida sonrisa y respiro hondo antes de reemprender el viaje…
De vuelta en mi camino, con un dejo de nostalgia, me detengo a sentir, por última vez, los sonidos y aromas de éste pueblo rasgado por su largo Boulevard sin gentes.
Desde este preciso lugar, la hilera de eucaliptos se hace extensa, ¡extensisima! … y mi mirar engarza la lejanía con el atardecer…
¡ya no olvidaré éste horizonte!
¡De regreso al mapa de mi Itinerario descubro como una mirada tejida con la eternidad me ha transformado para siempre!…
El Camino que esperó pacientemente mi regreso, me recibe cercano y compasivo… Acoge mis pasos… y me invita a continuar…

«Nota de un día en el pueblo del Boulevard sin gentes»
Itinerario de El Camino. (2018)
Silvia Garavaglia

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